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Alimentos no tan saludables como parecen

 

La sabiduría popular dice que “somos lo que comemos” pero, ¿realmente sabemos lo que comemos? Muchas veces, por tradición o simplemente por no mantenernos informados estamos tomando por alimentos sanísimos algunos que no lo son, y eso es de lo que venimos a hablar hoy: los” false friends” de la alimentación saludable.

Zumos comerciales y aguas saborizadas

¿Qué pueden tener de malo? Unos vienen de la fruta y los otros son aguas con sabor, ¿no? Si echamos un vistazo a la composición nutricional podemos encontrar una gran cantidad de azúcares (sí, en las aguas saborizadas también) y un porcentaje muy bajo de fruta natural en ambos casos.

En el caso de los zumos, la opción más sana es elaborarlos nosotros mismos en casa, aunque la mejor alternativa será el consumo de fruta entera: al exprimir las frutas nos dejamos por el camino la mayor parte de la fibra que contienen, y además una pieza de fruta siempre será más saciante que un zumo.

Si os cuesta beber agua natural (del grifo o mineral) porque sentís que “no sabe a nada”, podéis optar por introducir en una botella unas rodajas de limón o de pepino, o unas hojas de menta: una opción interesante para mantenernos hidratados con un poquito de gusto en los meses de más calor.

Ensaladas pre-fabricadas

Vale que nos pueden sacar de un apuro en más de una ocasión, pero consumir este tipo de platos pre-hechos casi todos los días puede volverse en nuestra contra si lo que estamos buscando es mantener una alimentación saludable. En el caso de estas ensaladas hay dos cosas que no suelen fallar: el aliño hipercalórico y los ingredientes que poco o nada tienen que ver con alimentación saludable.

Sobre los aliños hablamos hace poco en Betónica (aquí podéis consultar el post completo): suelen contener bastante sal y grasas, además de que vienen en un sobrecito con una cantidad mucho mayor a la recomendable. Sobre los ingredientes poco saludables, he visto de todo: quesos grasos, cebolla frita (ejem…), bacon (ejem, ejem…).

Como siempre, la mejor opción es elaborar nosotros mismos la ensalada en casa y elegir los ingredientes que consideremos adecuados, si puede ser adquiridos en el mercado. Mejor basar la alimentación en alimentos frescos que en productos pre-fabricados. Y el mejor aliño siempre será el aceite de oliva (en cantidades moderadas) junto con vinagre o limón.

Müesli comercial

Los cereales comerciales en general. El problema en este caso, más que en el producto, está en el consumidor: si os fijáis, en la parte más visible de las cajas de cereales suele estar el valor nutricional de los mismos en una ración de 30 gramos (en el lateral y menos visible está también dicha información por 100 gramos de producto, porque tiene que aparecer por ley). Que levante la mano quien coma solamente una ración de 30 gramos de cereales, que es aproximadamente un puñado que quepa en nuestra mano.

Los müeslis comerciales nos los suelen vender como cereales + frutos secos. Parece sano: ¿cereales? sanos, ¿frutos secos? sanos. Pero nos olvidamos del azúcar que contienen (más de 7 gramos de azúcar por ración de 30 gramos de producto) y de que algunas de las frutas o frutos secos que contienen pueden estar fritos, como el caso del plátano. Por no hablar de los que llevan chocolate, claro.

Hacer granola casera es fácil, rápido, más sano y más barato: por un lado compramos avena (la reina de los cereales: mucha proteína, carbohidratos limpios, poquísimas grasas saturadas y mucha fibra) y por otro lado compramos los frutos secos (naturales o tostados al horno) o la fruta fresca. Lo echamos todo en un bol, removemos y… voilà! Granola casera, saludable y sin azúcares añadidos. En cualquier caso, ojo siempre con las porciones que consumimos.

Leed siempre las etiquetas nutricionales y, si queréis comparar dos productos distintos, hacedlo siempre basándoos en 100 gramos de producto. Saber lo que comemos es básico para llevar una alimentación sana y saludable.

Pamela Juanes. Soluciones en Salud.

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