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¿Qué le damos de comer a los niños?

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Ayer veía un documental de Michael Moore llamado “¿Que invadimos ahora?” cuando una de sus escenas me dio un poco mas de indignación en referente a la alimentación infantil como para llegar al punto en el que finalmente lanzarme a escribir sobre este tema, es necesario.

  Michael estaba visitando Francia cuando en una aldea de Normandía percibe que el mejor sitio de la zona para comer es la cantina del colegio. No es broma, es la cantina del colegio.

 

 

Gracias a YouTube es posible ver la escena.

 

  En esa escuela se prepara de comer una cocina casera de calidad, tradicional, variada y con muchos productos frescos; cuando lo ves se te abre el apetito, se me acaba de volver a abrir. Lo que me choca es que el director califica esa cocina de “Gourmet” cuando yo la llamaría “casera”, desgraciadamente el cocinar es una practica que se realiza menos y el simple hecho de hacerlo ya resulta muy especial cuando tendría que ser algo mucho mas cotidiano. No me gusta la tendencia actual de llamar “gourmet” a todo lo medianamente bueno en cocina, creo que es una palabra utilizada en exceso.

 

  No sabré nunca si realmente es así pero creo en la honestidad de Michael Moore.

 

  Según la escena, en Estados Unidos es habitual servir comida industrializada con altos contenidos calóricos a niños/as (pero también hay institutos con detectores de metales, afortunadamente vivo en otro mundo) cuando tendría que ser realmente lo contrario. Generalizar no es bueno y seguramente todos los comedores infantiles estadounidenses no sirven comida basura pero la tendencia general de ese país es hacia una alimentación muy poco saludable.

 

  Los niños/as franceses de la película rechazaban la alimentación industrializada porque como ellos mismos reconocen pese a su temprana edad: no es sano. Me alegra muchísimo ver que unos niños/as que no llegan a los 10 años de edad tienen unos valores de cocina que muchos mayores deberían de tener. Con esa escena me vinieron muchos momentos a la cabeza, momentos de trabajo en los que algún (o todos/as) camarero/a simplemente ofrece a los niños comida basada en fritos, pescado o pollo (con patatas fritas), pasta con salsa (hidratos), hamburguesa o cualquier alimento dudosamente nutritivo bajo la odiosa mentira de “es lo que le gusta a los niños”, odio esa escusa.

 

  ¿Qué comen los niños? Comen lo que les enseñamos y son según así los educamos, no hay mas vuelta de hoja.

 

  Me encanta la nutrición y viendo hace unos días un documental sobre alimentación aprendí una hecho que profundamente desconocía y realmente tiene mucho sentido: resulta que el ser humano tiene una preferencia física a gustarle los alimentos con altos niveles de energía. Ese instinto no es útil en la actualidad pero en nuestros orígenes era esencial para ganar la lucha por la supervivencia pudiendo percibir que alimentos nos aportarían la energía suficiente para vivir porque, lógicamente, en aquella no existían los alimentos sobre azucarados químicamente con un aporte energético de media semana. Esta capacidad ya no es necesaria, está obsoleta y realmente se está viniendo en nuestra contra porque desarrollamos de forma natural una preferencia instintiva hacia el consumo de “alimentos” altos en calorías aunque podríamos llamarlo “productos que ingerimos” ya que algunos como las chucherías creo que no se les puede llamar alimentos.

 

  En la película, Michael viaja por el mundo buscando buenas practicas para incorporar en su país, EEUU. Francia es la cuna de nueva cocina, un país donde se vive una pasión especial por la cocina pero no es el único. Japón es un país con una tradición culinaria muy particular y actualmente conocida en casi cualquier parte del mundo. Los japoneses son personas muy disciplinadas porque desde muy pequeños reciben ese tipo de educación, con la cocina, la nutrición, las buenas practicas en la mesa y la alimentación saludable ocurre lo mismo.

 

¿Y si el director hubiera viajado a Japón? Sencillamente habría visto algo como esto:

 

 

  Por naturaleza a un niño/a no le gusta ir a McDonald’s o comer chucherías. Si no le se educa correctamente casi seguro que escogerá el peor de los caminos y no hablo únicamente de alimentación.

Consumir productos perjudiciales para nuestra salud es muy fácil. Cualquiera de nosotros podemos estar alimentándonos mal sin que nos pongan freno pese a que lleguemos a tener obesidad mordida, diabetes (desgraciadamente mas común) o cualquier tipo de problema de salud originado por la alimentación. Llegas a comer tan mal que enfermas y realmente no pasa nada hasta que te encuentras tan mal que no ves marcha atrás y te arrepientes profundamente de no haber llevado una vida saludable desde el principio.

  Sin duda y con esto dejo claro que es necesario enseñar en las escuelas “nutrición y alimentación”, es fundamental porque va a mejorar nuestra salud física y mental. Tenemos que saber que comemos y aprender a alimentarnos mejor.

 

Pedro Zaragoza

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